Ayuda a tu hijo adolescente a desarrollar el pensamiento libre, original e imaginativo. Ayúdale a mirar más lejos, pensar más allá de los estereotipos, de las cosas obvias y evidentes, de manera ingeniosa y no convencional. Para ello, es imprescindible que le aceptes y le quieras tal y como es, sin enfocarte únicamente en las reacciones propias e inherentes de la adolescencia. ¿Qué prefieres, “sobrevivir” a esta etapa o “aprovecharla” para que tú seas una de las personas en la vida de tu hijo que sostiene una visión más grande para él que la que él mismo sostiene?

Desde nuestra infancia, estamos muy entrenados para que operemos “dentro de la caja” (Think Inside The Box) en la que sabemos que podemos tener cierto nivel de “éxito” cumpliendo las expectativas de otros, en lugar de arriesgarnos a entrar en el territorio desconocido de lo que realmente queremos (Think Outside The Box) y trabajar por cosas que nos importan de verdad… estar viviendo, pensando y creando desde “fuera de la caja”. Ayuda a tu hijo a crear y diseñar su vida a partir de aquello que quiere, desde la posibilidad que existe “fuera de la caja” de lo que otros creen que puede conseguir.

Por este motivo, te proponemos un reto para este curso escolar. Consta de 6 mensajes que puedes ir transmitiéndole cuando sea  pertinente hacerlo:

Mensaje 1: “Quítate la etiqueta y no te pongas frenos”

Hijo mío, mírate a ti mismo viendo todo el potencial ilimitado que ya posees, no te fijes en lo que te falta ni en el juicio de los demás, y pon el foco en qué aspectos de tu persona no coinciden con esa etiqueta de la que tanto te cuesta deshacerte: “soy tonto”, “soy torpe”, “soy repetidor”, “soy el feo de la clase”, “no soy popular”, “no estoy a la altura de lo que se espera de mi”, “soy decepcionante”, “soy un desastre”, “soy vago”, “no soy inteligente”… Puede que tengas una tendencia a interpretar la realidad de manera que confirme tus creencias previas, si es así, mira este vídeo, “Efecto Pigmalión” o profecia autocumplida, muestra cómo la creencia que tienes acerca de ti, puede influir en tu rendimiento.

Te en cuenta que todas las personas, por naturaleza, somos completas, creativas y estamos llenas de recursos. Tú también.

2. Desmonta las comparaciones que haces tú y que te hacen otros compañeros o amigos:

Si realizas comparaciones entre los retos que has conseguido y los que consiguen otros compañeros difíciles de imitar… tendrás una motivación inicial por imitarles porque les admiras y tienes ambición, pero al no obtener sus mismos resultados, perderás la confianza en ti mismo y tendrás una baja autoestima. Sin embargo, si realizas comparaciones con otros compañeros o amigos más cercanos y más fáciles de imitar para ti, mantendrás tu motivación por mejorar durante más tiempo y sin tantísimo esfuerzo, logrando más autoconfianza. 

3. Te sientes motivado o desmotivado, ¿qué vas a elegir?

Motivado

Desmotivado

“Me pongo a estudiar sin que nadie me lo tenga que ordenar, me gusta hacer deberes y por lo general, me gusta estudiar. Lo que me cuesta o no me gusta, asumo que lo tengo que hacer” “Mamá, siempre me tienes que decir que me ponga a estudiar, es un rollo, no me gusta nada, prefiero jugar porque hacer los deberes me cansa mucho y me despisto fácilmente…”

Hijo mío, no esperes a sentirte motivado para ponerte a estudiar, no necesitas sentir nada para hacer algo. Recuerda cuando eras un niño, desarrollabas la motivación centrada en tus propios retos y los resultados respecto a ti mismo. Hacías las cosas por placer, porque te motivaba la curiosidad, la diversión y las ganas de aprender. Has crecido y has perdido esta motivación porque en tu mundo sólo se vive por las motivaciones extrínsecas (premios, reconocimientos, recompensas externas…), y cuando desaparecen, tu motivación también se desvanece. Ten siempre presente cuál es el significado de lo que haces, te dará mayor fortaleza mental para seguir comprometido con ello (motivación intrínseca).

Cuando no tengas ganas de ponerte a estudiar, en lugar de pensar en lo duro que es este curso, simplemente recuerda que tan solo tienes que empezar a hacerlo para terminar haciéndolo.

4. Vive el momento presente, acepta tus emociones y comunica tus sentimientos, conseguirás reducir las tensiones y los malentendidos en casa, en clase o con amigos, así como los recelos mutuos. ¡¡Que nadie pague el pato de los cambios en tu estado de ánimo. Acepta que estos cambios son necesarios porque te estás convirtiendo en un adulto!!

Concéntrate mucho más en lo que aprendes de estas situaciones difíciles, y procura no sobredimensionar los problemas. Casi todo en esta vida tiene solución y para ello sabes que cuentas conmigo, con el resto de la familia y con tus amigos.

5. Construye un mundo en el que se valore más el aprendizaje y el crecimiento, frente a la comodidad y las apariencias. Da rienda suelta a tu creatividad, a todo tu potencial y haz lo posible por prosperar. Contribuye a transformar tu mundo, focalízate en el camino, no en la meta, y encuentra el propósito de tu vida: pregúntate a ti mismo siempre 3 veces ¿por qué?… y ¿por qué?… y ¿por qué?… y algún ¿para qué?… Es muy positivo que te hagas preguntas y desarrolles tu pensamiento crítico. En casa respetaremos tu opinión, aunque no coincida con la nuestra.

6. Procura tener siempre presentes las tres “E” cuando estés aprendiendo: Enjoyment, Engagement y Enthusiasm. Disfruta, implícate y ten entusiasmo por tu propio aprendizaje y por lo que la vida te va a ir ofreciendo a lo largo de todos estos años de cambio.

sueños más grandes que tus miedos

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