Nuestros hijos pueden salir de clase contentos o enfadados, tan pronto un día muestran alegría y entusiasmo, como que otro día salen tristes o enfadados. Pueden manifestar de forma puntual que tienen malas relaciones interpersonales con algún compañero, hecho que puede llegar a ser una oportunidad para desarrollar sus habilidades sociales. Por el contrario, pueden repetirse y agravarse, llegando a desestabilizarles emocionalmente, minarles su autoestima y provocarles síntomas depresivos o estrés postraumático.

Con frecuencia, las fluctuaciones del estado de ánimo son relativamente normales, pero los padres deberíamos estar muy atentos si de forma continuada nuestro hijo:

  • Habla de si mismo de forma negativa.
  • Si nos damos cuenta que le cuesta relacionarse con sus compañeros.
  • Si se queja porque se siente intimidado.
  • Si se queja de que no le dejan jugar a algún juego, que se siente solo en el patio o que le dan de lado…
  • Si nos dice que no quiere ir al colegio.
  • Si su rendimiento escolar cambia bruscamente.
  • Somatiza, quejándose de dolores o malestar físico con cierta frecuencia. Si se queja de dolores de cabeza.
  • Cambia el uso su dispositivo móvil o de internet.
  • Cambia sus hábitos de alimentación y sueño, notándole pérdida de peso o algún trastorno del sueño (insomnio, despertares nocturnos, pesadillas…).
  • Manifiesta problemas de concentración que antes no tenía.
  • Tiende a ser mucho más reservado a la hora de comunicarse con nosotros, aparentando y aseverando que está bien.
  • Le notamos cierta variabilidad emocional, incluso reacciones agresivas.
  • Experimenta miedo u oposición a salir de casa, sin explicarnos el motivo.

Los profesores, los alumnos y los padres debemos estar sensibilizados para detectar cuanto antes indicios de cualquier tipo de Acoso Escolar (Coacción, Bloqueo Social o aislamiento, Hostigamiento, Exclusión Social, Intimidación…) , tanto si nuestro hijo es quien lo está sufriendo directamenteo si nuestro hijo es un testigo “silencioso”, como si es quien ejerce dichas conductas intimidatorias o de violencia hacia otro compañero.

¿Cuál es el papel de los padres? 

  • Educarles para no apoyar pasivamente actos de violencia: El niño “acosador” necesita el reconocimiento de los “espectadores o testigos silenciosos” de las situaciones de acoso, es decir, “que les rían las gracias”. Si nuestro hijo es uno de ellos, podemos influir en él para que no participe indirectamente, y así dejará de acosar porque no le aporta ningún beneficio.
  • Procurar que denuncien si son testigos o víctimas de acoso escolar.
  • Informarse de los riesgos asociados al uso de las nuevas tecnologías por parte de sus hijos y prevenirlos. Tener criterio para, por ejemplo, decidir si un hijo con la edad que tiene, debe tener o no tener móvil, a qué juegos de la consola debe o no debe jugar, qué series de televisión debe o no debe ver, a qué redes sociales debe o no debe acceder… ¡¡protejamos los cerebros inmaduros de los hijos!!.
  • Enseñar valores morales como la empatía, la solidaridad y el respeto por los demás.
  • Si nuestro hijo es quien acosa:
    • No restarle importancia ni exculparle, aunque no sea “plato de gusto” reconocerlo.
    • Tener en cuenta que los hijos imitan en el colegio, los comportamientos que ven en su entorno familiar… los padres siempre somos un ejemplo a seguir.
    • Si tiene poca empatía, necesita demostrar su poder, tiene mucho sentido del ridículo, está siempre al acecho y es cruel sin sentirse mal consigo mismo, ni sentirse arrepentido… pensar en la posibilidad de pedir ayuda profesional.
    • Si se muestra violento, se enfada con mucha facilidad o sin tener control de su ira… enseñarle a tolerar la frustración, no seguir dándole caprichos, enseñarle habilidades de resolución de conflictos y ponerle límites con afecto.

Mensaje importante: Un mismo alumno puede participar de ambos roles (agresor/víctima), es el grupo quien genera y alimenta el maltrato.

El Método KIVA, programa finlandés contra el Acoso Escolar, está acabando con el Bullying:

  • Consiste en no centrarse en la confrontación entre víctima y acosador.
  • No se trata a la víctima para que sea más extravertida, ni tampoco se intenta cambiar al acosador para que sea más empático.
  • Se basa en la actuación sobre los alumnos testigos que se ríen de la situación de acoso. Los espectadores interiorizan que lo que pasa es normal y divertido, aunque puede que en el fondo tengan una opinión diferente.

PINCHA AQUÍ: PROYECTO KIVA, Programa finlandés contra el Acoso Escolar

PINCHA AQUÍ: CUENTO SOBRE EL ACOSO ESCOLAR

Anuncios